El sentido de la vida
Emily Esfahani Smith, autora y periodista con máster en psicología positiva, escribe sobre cultura, psicología y relaciones personales. He visto un vídeo en donde menciona los cuatro pilares que sostienen al sentido de la vida: pertenencia, propósito, trascendencia y narrativa.
1. PERTENENCIA: relaciones en las que nos valoran por ser quienes somos y valoramos a la otra persona por ser quien es. El sentido de pertenencia ocurre cuando se logra una conexión íntima en la que nos vemos, nos escuchamos y nos valoramos. Diría que la pertenencia es el espacio seguro y se relaciona con la emoción del amor en todas sus variables.
2. PROPÓSITO:es la parte del sentido que nos orienta hacia el futuro. Un objetivo o principio que nos guía y nos moviliza a la acción. El propósito tiene relación, a mi entender, con el deseo,con aquello personal que nos mueve y que va cambiando a lo largo de la vida. Podemos decir que el sentido de propósito no es algo único, fijo o inmutable.
3. TRASCENDENCIA: cuando las personas sentimos que estamos conectadas a algo más grande que nosotras mismas. El sentido de trascendencia puede ser interpretado desde lo espiritual, y también por el hecho de traspasar la barrera del propio ego y conectar con las demás personas desde un sentido mayor de humanidad compartida. La trascendencia incluye a mi modo de ver una conexión vital con el resto de los seres vivos y la naturaleza.
4. NARRATIVA: aquello que las personas nos contamos acerca de nosotras mismas. Los seres humanos somos autores de nuestras propias historias. La narrativa construye un sentido acerca de la historia biográfica personal que siempre está teñido por nuestras propias interpretaciones y nuestro particular tiempo psicológico (puedes leer un artículo sobre este tema aquí). Cuando reflexionamos podemos de alguna manera editar la propia narrativa ya que si ésta nos perjudica tenemos la opción de re-interpretarla con las herramientas actuales para avanzar y construir un nuevo sentido.
A lo largo de nuestro camino el sentido personal de la propia vida cambia porque vamos madurando y, sobre todo, vamos aprendiendo de nuestros propios errores. Fracasar y volver a empezar no es en vano, ya que el aprendizaje determina que cada nuevo inicio nunca es desde cero.
Sin embargo, generaciones enteras fuimos educadas con el castigo frente al error y el premio como reconocimiento. Cada fallo que cometimos, en lugar de considerarlo como parte necesaria de nuestro aprendizaje de vida, determinó un modo en donde se impuso la vergüenza y un sentido de poca valía frente a la duda y el error.
En los procesos terapéuticos hay momentos en que esa modalidad se impone y aparece la sensación de ir hacia atrás o de no avanzar, con la consecuente e inevitable desesperanza o pérdida de sentido, no solo de la terapia, sino del propósito vital. Las tendencias mentales, emocionales y conductuales que nos condicionan y perjudican, parecen arraigarse incluso más fuerte que antes.
Al hablar del aprendizaje en el contexto de una terapia psicológica y del camino que transita cada persona, me gusta dar la imagen de un espiral ascendente en donde a veces podemos sentir que retrocedemos, volvemos al inicio, o directamente que nos estancamos.

Sin embargo, es justamente esa vuelta atrás o recogimiento momentáneo lo que nos permite comprender, aceptar, florecer y ser quienes verdaderamente somos, para por fin superar las dificultades y avanzar.
Ese es el trabajo que realizamos en las sesiones de terapia.
No es fácil, ya que nos enfrenta cara a cara con nosotros/as mismos/as, con nuestras creencias más profundas, con las dudas, las heridas y el dolor, con los miedos más arcaicos, con certezas que se desarman, con la manera de pensarnos en el mundo y con una pregunta a veces muy complicada de responder:
¿Para qué estamos aquí?
¿Cuál es el sentido de nuestra propia vida?


