
El pilar fundamental, núcleo y sostén principal de nuestro cuerpo, es la columna vertebral. Con una curvatura capaz de efectuar movimientos de flexión, extensión, inclinaciones laterales y rotación sobre sí misma. Estas curvas actúan para absorber golpes, mantener el equilibrio y sostener el cuerpo en posición vertical.
Mientras la columna mantenga sus líneas naturales, no se presentan grandes problemas, pero cuando dichas curvaturas se acentúan, se rectifican o se exageran, aparecen las dificultades y dolores que por lo general son provocados por una rigidez y excesiva tensión de toda la cadena muscular posterior. Desde la nuca hasta los talones.
La pregunta clave es ¿para sostener hace falta rigidez?
Probablemente esas tensiones hayan sido necesarias en algún momento de la vida -o en la actualidad- para defenderse o afrontar situaciones de conflicto y no derrumbarse en el intento.
De esa manera se logra sostener, pero nuestro cuerpo se llena de corazas musculares.
A veces un sostén se vuelve algo muy rígido por miedo a que justamente no nos sostenga. La rigidez se va formando en muchas ocasiones por sostener sin soltar, por necesitar controlarlo todo, por cargar con el peso de sostener a los demás sin límites, por la idea de ser fuertes a toda costa.
Sin embargo, para sostenernos, no hace falta endurecernos, no somos estatuas: cuanto más flexible es un sostén mejor se adapta a las diferentes circunstancias de la vida cotidiana por más conflictivas que sean.
La postura alineada se sitúa en un punto intermedio entre la postura hundida y la postura rígida: cuanto más alineado está el cuerpo menos esfuerzo muscular hará falta para sostenernos, teniendo en cuenta, además, que la postura no es una forma fija que mantener sino por el contrario es fluida, cambiante, se transforma cuando nos movemos.
Tomar conciencia del núcleo físico y explorar la postura alineada y flexible son pasos importantes para descubrir ese hogar literal en nuestro interior donde nos sentimos seguros/as.
Con un núcleo alineado, el equilibrio y la confianza en uno/a mismo/a suelen aumentar, así como la sensación de solidez y presencia.
Lograr un centro físico fuerte y a la vez flexible permite afrontar situaciones difíciles y conflictivas sin desestabilizarse, perder el centro ni ponerse rígido en el proceso; nos estabiliza a nivel físico y emocional y nos sirve de sostén para nuestras propias acciones.
A semejanza del árbol de bambú, que se dobla pero no se quiebra, de alguna manera, la misma flexibilidad es la que nos aporta mayor fortaleza.
La exploración del recurso somático del sostén considerando la idea de postura flexible, fluida y dinámica, puede ser uno de los caminos para lograr ese lugar interior desde donde sostenernos sin rigidez ni tensión…

