PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS

Los llamados pensamientos automáticos son aquellos que irrumpen en la mente, se repiten, nos invaden y llevan a un bucle de negatividad ya que, por lo general, son catastróficos, predicen lo peor, son irracionales y no es fácil detenerlos. Son breves, rápidos, engañosos y no siguen un patrón lógico.

Surgen o se desencadenan por un suceso real o por la anticipación de un suceso. También por el recuerdo de otras situaciones de la vida que nos causaron malestar emocional.

A veces parece que vienen de la nada…

Tuve una paciente que definía sus pensamientos reiterados como un tsunami, una especie de tormenta o remolino imparable en su cabeza que la invadían e incapacitaban. Nutrían su sensación de impotencia, de no poder resolver, al tiempo que contrastaban con una autoexigencia desproporcionada y una sensación de fracaso permanente que determinaba un refuerzo en su ya baja autoestima.

En el caso del pensamiento automático hablamos de las llamadas distorsiones cognitivas como el pensamiento polarizado todo o nada, el catastrofismo que predice el peor escenario posible, la sobregeneralización y tendencia a exagerar, las etiquetas o ideas fijas de cómo es el mundo, cómo son los demás o uno mismo, sin ninguna posibilidad de modificación. Puede ser adivinatorio en términos de saber lo que el otro está pensando y personalista o autorreferencial: todo lo que sucede tiene relación conmigo.

Muchas veces estos pensamientos se expresan en términos de debería, tendría que, habría de… que precipitan un sentimiento de culpa por no lograrlo y, en consecuencia, una pérdida de poder personal.

El pensamiento automático en el momento que irrumpe se siente como auténtico y real, una suerte de «razonamiento emocional»: si lo siento es cierto. Se repite y vuelve como si viniera de afuera de uno mismo… A veces se deriva en un diálogo interior interminable en donde nuestras partes internas se terminan enfrentando…

No hay que confundir este tipo de pensamiento con el «modo automático de funcionamiento de nuestro cerebro» llamado «red neuronal por defecto», que es necesaria para nuestra supervivencia y provoca un estilo de pensamiento divagante, no focalizado. Las distorsiones cognitivas, en cambio, perciben una realidad sesgada, se reiteran, ponen foco por lo general en lo negativo, perturban y funcionan como filtros automáticos que generan malestar emocional, ansiedad o tristeza.

Si nos guiamos por el pensamiento automático considerando que es una verdad absoluta probablemente tomaremos decisiones equivocadas; estaremos considerando como evidencia lo que es producto de nuestros miedos, inseguridades, traumas o limitaciones actuales.

Sabiendo que existen este tipo de pensamientos que distorsionan la realidad, se transforman en creencias y nos perjudican, podremos en principio darnos cuenta de ellos, aprender a detectarlos y comprender que cualquier pensamiento determina el modo en que siento y cómo actúo. (Tengamos en cuenta que las creencias que forjamos a lo largo de nuestra vida son aprendidas, no son innatas, por lo que podemos contrastarlas, librarnos de ellas o modificarlas).

Así, frente a las distorsiones cognitivas, hay psicoterapias que nos invitan a cuestionar esos pensamientos y hacernos algunas preguntas posibles: ¿cuál es la evidencia? Esto que estoy pensando ¿es contrastable? ¿el pensamiento se basa en hechos reales o en suposiciones? ¿hay alguna explicación alternativa? ¿de dónde me viene esta idea?

Así podremos detectar los pensamientos automáticos, darnos cuenta de su poder, observarlos y no reaccionar de manera impulsiva.

Sin embargo, muchas veces, intentar detener un pensamiento con otro pensamiento, puede llevarnos a un nuevo bucle y por tanto nuevamente al tsunami.

Entonces…, ¿cómo lo hacemos?

Un camino posible es ir al cuerpo o mejor aún, volver al cuerpo y aquietar nuestra mente:

  • Escuchar al cuerpo
  • Detectar sus señales 
  • Estar en el momento presente y auto-observarse.
  • Respirar con consciencia.
  • Aplicar recursos somáticos que nos lleven a pensar con el cuerpo para recuperar de manera orgánica un pensamiento racional, auténtico y contrastable.

 

La consciencia corporal actúa como mediadora, propiciando un espacio y un tiempo entre el pensamiento que aparece y la reacción que provoca.

Así podremos transformar el pensamiento irracional en un pensamiento realista, y la reacción automática o impulsiva en una respuesta saludable.

Un tsunami suele arrasar con todo a su paso.

El pensamiento automático tiene ese mismo impacto ya que nos lleva siempre a una sensación de incapacidad, de malestar emocional y de bucle imparable. En sí mismo no tiene ningún efecto de aprendizaje.

Comprender de dónde viene, cómo se construye, qué características tiene y qué efecto provoca en nuestro cuerpo, nos permitirá frenarlo antes de que nos arrase.

Es un paso fundamental para nuestra salud mental y emocional.

 

Te escucho. Te acompaño.

 

 

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Certificada como Profesional en Sensibilidad del Procesamiento Sensorial y Personas Altamente Sensibles (PAS).