ACEPTACIÓN NO ES RESIGNACIÓN

Cuando la enfermedad y el dolor nos atraviesan se nos presenta un desafío muy difícil de aceptar.

Oímos en múltiples canales y redes sociales que la solución a nuestros miedos y el control de la ansiedad es “estar en el momento presente”, ya que no sabemos lo que ocurrirá en el futuro y el pasado no podemos modificarlo.

La aceptación del momento presente implica necesariamente la aceptación de cualquier situación actual que nos toque atravesar. Sin embargo, justamente es en el presente que estamos enfermos o sentimos dolor…

¿cómo aceptarlo?

Cuando en terapia se plantea este concepto suele aparecer una fuerte resistencia:

¿cómo aceptar la vida con enfermedad y dolor?

Es impensable.

En general se identifica aceptar con resignar ¿resignarse a que el resto de nuestra vida duela?

Es intolerable.

Incluso los términos enfermedad crónica o dolor persistente parecen condenarnos a que jamás volveremos a vivir sin ellos. Esto puede traernos una gran desesperanza y dejarnos solo con la posibilidad de resignarnos o de «tirar la toalla».

Sin embargo

Aceptación no es resignación.

Para aceptar la realidad de nuestro momento presente se necesita una actitud abierta y predispuesta: es lo contrario a evitar, negar, rechazar o resignarse.  

A veces aceptar suena a «no hacer nada» y en verdad es todo lo contrario ya que al enfrentarse a la realidad del dolor y la enfermedad con aceptación y curiosidad, se descubren movimientos nuevos y formas diferentes de realizar una acción; se aprende a economizar el esfuerzo, a darse permiso para descansar, a disfrutar de las pequeñas cosas, a no sobre exigirse, a valorar las posibilidades reales y, sobre todo, a dejar de pretender y regular las expectativas.

Esto último es complejo: no pretender y regular las expectativas, ya que no podemos cambiar radicalmente el presente ni tampoco saber lo que ocurrirá en el futuro.

Si pretendemos en la situación actual, hacer todas las cosas de igual forma a como las hacíamos antes, seguramente nos frustraremos.

Si la expectativa de mejora es muy alta, a cada intento de solución no satisfactoria aparecerá también una frustración muy fuerte con el consiguiente malestar acrecentado.

Si la expectativa está invadida por pensamientos catastróficos, negativistas, probablemente el umbral de tolerancia será muy bajo y la sensación de desesperanza se impondrá con toda su fuerza.

Nivelar las expectativas y transformarlas en realistas es crucial.

Podemos pensar en la aceptación como una oportunidad de:

  • Experimentar y descubrir posibilidades diversas asumiendo las limitaciones actuales.
  • Volver a tomar las riendas de nuestra vida: el camino de aceptación hace que recuperemos el control y la propia potencia.
  • «Plantarle cara» al dolor sin pelearnos con él ya que tendremos en nuestras manos herramientas y recursos para gestionarlo.
  • Establecer metas que sean posibles de asumir.
  • Valorar los pequeños logros y el sentido del humor.
  • Admitir que a veces necesitamos ayuda: hay días mejores y hay días peores.

 

Entiendo que un dolor cronificado o un diagnóstico adverso nos enfrenta a una situación extrema y muy difícil de gestionar.

Pero vivir con esa nueva realidad no tiene por qué ser insoportable ni tiene que traer necesariamente sufrimiento.

Y aunque parezca muy difícil, solo la aceptación puede hacer esto último posible…

Este artículo pertenece al Capítulo III de mi libro Regreso al cuerpo. Afrontamiento activo del dolor, el trauma y el sufrimiento (2019).

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Certificada como Profesional en Sensibilidad del Procesamiento Sensorial y Personas Altamente Sensibles (PAS).